jue. Abr 18th, 2019

JULIAN ASSANGE, 7 AÑOS EN LA EMBAJADA DE ECUADOR

La imagen de Julian Assange, barbudo y demacrado, resistiéndose al arresto mientras los oficiales de la policía de Londres lo arrastraban por la calle, fue el espectáculo que marcó el final de siete años de confusión dentro de la Embajada de Ecuador, donde vivía con su gato en una pequeña habitación. Durante su permanencia en la sede diplomática ecuatoriana se proclamó como el más famoso refugiado político.

Desde hace mucho tiempo, Assange, de 47 años, se ha convertido en un símbolo de las operaciones para revelar secretos. El grupo de internet que fundó, WikiLeaks, publicó comunicaciones clasificadas del gobierno estadounidense, así como correos electrónicos pirateados por la inteligencia rusa que estaban destinados a afectar la candidatura presidencial de Hillary Clinton.

Aunque fue arrestado la mañana del jueves por las fuerzas de seguridad británicas por haber violado las condiciones de la libertad bajo fianza, Assange fue inmediatamente acusado en Estados Unidos por conspiración para ingresar a una computadora del gobierno.

Para sus partidarios, Assange es un mártir y defensor de la libertad de expresión. Para el gobierno de Estados Unidos, es un paria y un lacayo del Kremlin. Pero fue el radical cambio de opinión del gobierno de Ecuador lo que, al final, afectó más su situación.

El activista se había convertido en un huésped indeseado.

Desde el pequeño edificio de ladrillos rojos continuó dirigiendo su grupo de Internet, realizó conferencias de prensa ante cientos de admiradores desde un balcón, montaba su patineta por los pasillos y fue el anfitrión de un desfile de visitantes, incluidas Lady Gaga y Pamela Anderson, de quien se rumoreaba que era su novia y le llevaba sandwiches veganos.

El jueves, Anderson escribió una serie de mensajes en Twitter en los que calificaba la detención como una “vil injusticia” y dijo que el Reino Unido y Estados Unidos eran “demonios, mentirosos y ladrones”.

En entrevistas con The New York Times en 2016, como parte de un largo análisis de sus vínculos con Rusia, Assange negó cualquier relación con la inteligencia rusa, en particular en lo relacionado con los correos electrónicos filtrados de los demócratas. Según Assange, Clinton y los demócratas estaban “provocando una histeria neomacartista en torno a Rusia” y afirmó que no hay “pruebas concretas” de que lo que publica WikiLeaks venga de las agencias de inteligencia, pese a que también indicó que aceptaría gustosamente ese material.

Por pequeños que fueran los espacios que Assange ocupaba en la embajada, ubicada cerca de la famosa tienda por departamentos Harrods, no obstaculizaron su deseo de permanecer en el centro de atención.

Assange tenía una oficina equipada con una cama, una lámpara solar, un teléfono, una computadora, una cocina, una ducha, una caminadora y estanterías. Hace tres años, una persona familiarizada con la vivienda la definió como “una estación de servicio con dos asistentes”.

Vaughan Smith, quien durante mucho tiempo apoyó a Assange y lo ayudó a pagar la fianza, dijo que “Julian es un tipo grande, de huesos grandes, y llena la habitación física e intelectualmente”.

“Es una pequeña embajada con un pequeño balcón”, agregó, “pequeña, caliente y con poco flujo de aire, y debe ser muy difícil para todos los que están allí”.

Pero desde ahí, Assange recibió durante años a una corte de diversas personalidades famosas y admiradores, entre ellos la estrella del fútbol Eric Cantona, y Nigel Farage, el actual presentador de radio que apoya el Brexit y exdirector del Partido de la Independencia del Reino Unido.

Sin embargo, el aislamiento de Assange se estaba agotando, dijo un amigo el jueves, especialmente durante los largos y solitarios fines de semana en una embajada esencialmente vacía que no podía dejar.

Incluso sus amigos lo han descrito como difícil, un narcisista con una visión sobredimensionada de su importancia y un desinterés en asuntos mundanos como la higiene personal.

Se sentía profundamente deprimido y se preguntaba si simplemente debía irse, dijo uno de sus amigos que habló con la condición de mantener su anonimato. Y las relaciones con sus anfitriones se estaban volviendo profundamente tensas, incluso contradictorias.

Una copia de una carta de 2014 de Juan Falconí Puig, en ese entonces embajador de Ecuador en el Reino Unido, al Ministerio de Relaciones Exteriores, vista por The New York Times, describía el creciente resentimiento entre los diplomáticos y Assange por su comportamiento en la embajada.

Entre las principales preocupaciones de Falconí resaltaban la inclinación de Assange por montar una patineta y jugar fútbol con los visitantes. La patineta, según Falconí, “dañaba pisos, paredes y puertas”.

El embajador dijo que los juegos de fútbol habían destruido el equipamiento de la embajada. Cuando un agente de seguridad detuvo el juego y se llevó el balón, Assange “comenzó a temblar, a insultar y a empujar al agente”, mientras reclamaba el balón y luego “se lo lanzó”.

La carta decía que Assange invitó a un reportero de televisión que lo iba a entrevistar y le había mostrado al visitante las instalaciones más confidenciales de la embajada.

En un momento dado, según la misiva, Assange usó la configuración de la alarma en un megáfono “para atraer a la policía” y grabar la presencia de los oficiales para la entrevista.

“Esta última acción, en medio de la noche, fue un claro intento de molestar a la policía”, escribió Falconí.

En otra ocasión, según la carta, Assange “golpeó violentamente la puerta de la sala de control de la embajada” y exigió de manera “amenazadora” que uno de los guardias saliera a hablar con él.

Los guardias salieron, solo para ser acosados ​​por Assange, quien les gritó y los empujó, según detallaba Falconí.

La larga presencia de Assange en la embajada —mucho después de que Rafael Correa, el presidente ecuatoriano que le concedió el asilo político hubiera sido reemplazado— finalmente sobrepasó al gobierno ecuatoriano. El presidente Lenín Moreno, elegido en 2017, explicó la decisión en Twitter y en un video.

“Ecuador decidió soberanamente retirar el asilo diplomático a Julian Assange por violar reiteradamente convenciones internacionales y protocolo de convivencia”, dijo el mandatario ecuatoriano.

También acusó a Assange de haber instalado “equipos electrónicos y de distorsión” prohibidos, de acceder a los archivos de seguridad de la embajada sin permiso, de bloquear las cámaras de seguridad y de haber maltratado a su personal, incluidos los guardias.

En marzo del año pasado, el gobierno ecuatoriano interrumpió su acceso a internet y dijo que había violado un acuerdo para dejar de comentar o intentar influir en la política de otros países.

El gobierno también limitó el acceso de sus visitantes y le exigió que limpiara su baño y cuidara de su gato. En octubre, Assange demandó al gobierno ecuatoriano alegando que estaban violando sus derechos.

Contrató al jurista español de derechos humanos, Baltasar Garzón, quien presentó una demanda contra el gobierno ecuatoriano en sus propios tribunales, diciendo que se habían violado los derechos de Assange. También presentó una segunda queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ambos casos fueron rechazados por los funcionarios, y además enfurecieron al gobierno de Moreno.

Una filtración reciente de documentos relacionados con Moreno, que el gobierno atribuyó a WikiLeaks, molestó aún más a los funcionarios. Se trata de un conjunto de correos electrónicos, mensajes de texto y fotos –conocidos en Ecuador como los Papeles INA–, que llevan el nombre de una compañía vinculada al hermano del presidente.

Los documentos filtrados, publicados por primera vez por un sitio de noticias ecuatoriano independiente, describían la vida extravagante del mandatario y su familia que incluía cenas lujosas, relojes caros y viajes alrededor del mundo.

También se divulgaron mensajes de texto entre la esposa del presidente contándole a sus amigos sobre los viajes familiares a Suiza y Nueva York y fotos privadas de Moreno, incluida una en la cama de una habitación de hotel con un platillo de langosta. WikiLeaks negó su participación en las filtraciones, aunque promovió la historia en su cuenta de Twitter.

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